jueves, 19 de junio de 2014

Imperdonable.

Robé y quemé
tu alma.
¿Es eso lo que hacen
los demonios?

No te diste cuenta.
De que me dibujaba,
sin espinas,
en tu espalda,
a 10 centímetros de
tu cuello;
10 candados de tu corazón.

Tal vez
las olvidé
el día de después
de besarte
a muerte de miocardio.

Más tarde,
mi sombra difunta,
vagó
por labios insospechados,
lenguas vírgenes
de cuarentena por desastre.

Y sabes que.
¿Sabes qué?

Encontró
mentes vacías
de sentimiento.
Me lo confesó.

Y sólo pude decirle que
”No es el momento."

miércoles, 18 de junio de 2014

Brutalidad.

Últimamente la felicidad me dura 4 chupitos de tequila.
Y se me rompe con el cigarro de después de despedazarme el corazón, cuando descubro que la soledad lleva mi rostro y tiene los nudillos igual de destrozados que yo cuando peleo a muerte por un puto minuto de estabilidad.
Últimamente mi mirada ya no dice nada más que "No me queda tabaco". Aunque a ti siempre te diga algo más.

Últimamente todo se convierte en lo último que volveré a saborear.

Lo que intento decir es que abro en canal las palabras y no sé por dónde empezar a sangrar. Lo que intento decir es eso que intento decir desde hace un par de escritos sobre sentimientos resquebrajados.
Lo que intento decir es que no quiero quedarme en el intento.

También me quiero decir que los trenes son mentira. Al final eres tú, contigo mismo, en mitad del mar, nadando a contracorriente para encontrar esa isla que tiene los ojos más bonitos de todo Madrid; que ahogarse por el camino es sólo parte del trayecto.

¿Que no lo entendéis? Yo a sus lágrimas tampoco.

Ya me da igual si me explico o no.
Si esto es brutalidad o tiene alguna pizca de poesía.

lunes, 7 de octubre de 2013

I'll take a bruise; I know you're worth it.

Estoy colgando del borde del precipicio que lleva a mi abismo.
Otra vez.

No hay nada y me agarro a lo único que queda: un clavo ardiendo.
El mismo que hincaste en la poca cordura que conservaba.
Y quema, y me voy a caer.

Y entonces qué.

No te atreverás a asomarte y ver los pedazos que queden de mí.
O sí.
No lo sé.

Conozco a tu valentía de oídas.


Y dónde está el frío cuando más lo necesito.
Dónde estoy.

Encuéntrame.

Antes de que me pierda del todo.
Antes de que me encuentre yo.
O no lo hagas.
Tampoco hay nada que merezca la pena aquí.

No sé.

Algún día te susurraré todo lo que me estoy callando.

O no.
Joder.

(Pausa)

La última vez que caí tuve que matar a mi musa.
Pero, amor, tú en mí ya eres inmortal.
No importa si caigo o no.

Y voy a estamparme de lleno en tus dudas.
¿No lo ves?
Y ojalá se rompan y te aclares,
sin romperte.





Mejor olvida todo esto.

Simplemente no te rompas.

jueves, 5 de septiembre de 2013

Un pedacito de lo que nadie debería saber.

La gente como yo no aspira a tener finales felices.
Normalmente tenemos principios y nos quedamos a medias.

Es algo que no falla, porque siempre fallamos.

Sin tener nada, intentamos darlo todo.
Y sin esperar nada, seguimos teniendo esperanzas.

La gente como yo lo hace lo peor que puede. 
No tenemos remedio.
Aunque ojalá.

Y siempre nos echamos la culpa, por imbéciles o por no saber qué ha ido mal.

Y nunca olvidamos, aunque digamos lo contrario.

Exigimos la verdad por encima de todo, aunque mate.
Aunque al final acabemos mintiéndonos de más.

Somos contradictorios.

A la gente como yo no le gusta enamorarse y no sabe qué responder a un "te quiero".

Estamos jodidos y esperamos que nunca nadie se dé cuenta.

La gente como yo esconde sus sentimientos tan mal que acaba fusilándolos.

"No sé" es nuestra respuesta más común.


No sé.

La gente como yo salta los muros que ha construido a su propio alrededor, solamente para asegurarse de que siguen teniendo puntos débiles, y de que aún no se han entumecido del todo; que siguen siendo humanos.

Y después los construyen más altos.


La gente como yo suele morir en cada intento.
No aprendemos y continuamos suicidándonos, porque ya nos da bastante igual.

A ti, que lees esto, no te recomiendo que cojas cariño a gente como yo.

Les asusta demasiado.

La gente como yo es complicada e inestable, quema hasta su propia hoja de instrucciones sólo por verla arder.
Y nos la suda el guión.
No sé si me explico.

No sé.

La gente como yo no tiene ni idea de lo que hace; improvisa.

Cuando la cagamos, somos capaces de cagarla aún más.

No se nos da bien vivir.
No se nos da bien sentir.
Excepto autodestruirnos.

Eso se nos da de puta madre.

Sólo me queda decir que, ojalá, no te topes con ninguno de nosotros.
Porque acabaremos yéndonos o echándote, sin querer.

Y peor aún: volveremos.

miércoles, 31 de julio de 2013

Vuelvo a acabar.

Dicen de los corazones rotos
que tienen arreglo.
Que es necesaria una rehabilitación que implica tiempo.
Y que,
tal vez,
implique otro corazón,
entero,
para colocar las tiritas en las heridas más difíciles.

Qué sé yo.
Juego a creérmelo, pero.

Dicen que sonreír
mientras te rompen el corazón
es de locos.
Yo te sonreí
y ni te enteraste de los cachitos,
de mi corazón,
de mi coraza,
que quedaban esparcidos por el suelo.

(Pausa)

¿Qué pasa si se rompe un corazón
que ya estaba roto?

Nadie me responderá,
pero,
seguro que se atreven a decir que,
algún día,
el mío se arreglará.
Ilusos.

Verás,
hace mucho
dejé de creer que mi corazón
merecía la pena.
Y, por tanto,
cualquier intento de juntar sus pedazos
resultaría innecesario.


Dicen de los corazones rotos
que tienen arreglo.
Te digo yo que el mío
no sale de esta.

viernes, 12 de julio de 2013

4:17. No lo tengo claro.

No fui tuya.
Ni soy mía.

Fui ese corazón que rompí una vez,
dos veces,
esa batalla perdida que me empeñé en luchar,
para acabar perdiendo, aunque,
cariño,
no mereciste tanto la pena.

Soy el parpadeo de los faros de un coche
antes de estrellarse.
Y soy la colisión de después.

Soy los restos de un verano que se cargó el invierno.
Y se quedó a vivir,
en mí.

Y qué putada, ¿eh?

Porque después me convertí en el tiempo que hay
desde que te tiras del acantilado
hasta que te ahogas en tu propia mierda.
Y también en el tiempo que dejarías que invirtiese
navegando
por tu espalda.

Aunque, todo eso pierde sentido,
porque soy del reloj que no tengo.

(Pausa)

Joder.

Soy el monstruo que dormiría a tu lado,
el que acojonaría al que se esconde
debajo de tu cama.

Soy la poesía que escribo,
pero no soy poesía.

Soy lo que no buscas y aparece de la nada.
Soy la nada que forma parte de un todo.
Un todo que todavía nadie ha sido
capaz
de ver en tus ojos.

jueves, 30 de mayo de 2013

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A ratos te odio
porque jugaste con este alma rota
a sabiendas de los desastres que estabas desatando.
Inconsciente
me dejaste a mí
y a mis ilusiones.

Te dejaste la puerta abierta
y ahora cualquiera que se atreva a entrar sin pedir permiso,
puede hacerlo.
Bueno,
tampoco cualquiera.
Cualquier imbécil un poco valiente
(y un poco masoquista)

Ojalá no vuelvas a colarte.
Que este caos ya no vive por ti
ni bebe de ti.
Que no existen ni un "tú" ni un "yo"
porque ni siquiera estás.
Porque no te atreves a volver.
Y yo
no voy a pedirte que regreses.


A ratos recuerdo que te quise
que me jodiste
que ya no te quiero.